Michael Jackson, un obrero de la música

Spike Lee rinde homenaje al artista con una película sobre la grabación del disco ‘Bad’

Notificar errorTengo más InformaciónEnviar a un amigoImprimirReducir cuerpo de letraAmpliar cuerpo de letraSíguenos More Sharing ServicesMichael Jackson, el negocio debe continuar. La Sony, su compañía de discos de siempre, ha invertido muchos millones de dólares, cerca de 200, para asegurarse los derechos de su obra. Y tras la muerte de la estrella, la máquina de hacer dinero se mantiene imparable. La pregunta inevitable es: ¿vale la pena tanto material reciclado? Ahora toca el turno del relanzamiento de Bad, el disco millonariamente maldito de 1987.
El álbum salió cinco años después del bombazo de Thriller, y, aunque vendió muchos millones de copias, no alcanzó comercialmente el éxito del anterior. Para completar la celebración del nuevo lanzamiento, Spike Lee, el iracundo director afroamericano (o sea, negro y con muy mala leche) ha realizado Bad 25, celebración cinematográfica de aquella grabación, de aquel disco y de aquel tremendo artista que fue Michael Jackson. Spike Lee ha venido a presentar su trabajo personalmente en el festival de Venecia, además de a recoger un premio, el premio al cineasta que concede el certamen con el patrocinio de Jaeger LeCulture Glory, la empresa de los relojes de lujo.
Atención, seguidores de Michael Jackson: apartad de vosotros cualquier tipo de duda: Bad 25 es una gozada. Estamos ante una completa y entregada disección de la grabación de aquel disco, prácticamente canción por canción, incluidas Smooth criminal y Man in the mirror, todas. Un trabajo hecho con cariño que constata lo evidente: Jackson, encima del escenario era imbatible. El mejor. El rey, sí. Y además parecía feliz.
Pero también descubre la película de Lee aspectos desconocidos de la personalidad digamos laboral del mito. Jackson era todo un profesional, o eso nos dice Lee a través de las decenas de colaboradores de Jackson que se suceden ante las cámaras. Desde el imprescindible Quincy Jones, el productor del álbum, como había producido los dos anteriores del artista, On the wall y Thriller. Hasta Sheryl Crow, que en aquel entonces era una las chicas del coro de Jackson, la que cantaba “Man in the mirror” a dúo con él en el escenario.
Aparecen también personajes curiosos que rodeaban por aquel entonces a Jackson, como su productor, aquel tipo gordo y con puro que aparecía en la portada de Thriller, ya fallecido, y también uno de sus guardaespaldas más famosos, Miko Brando, uno de los tres hijos de Marlon Brando, el de final menos trágico.
Pero lo más interesante, lo verdaderamente iluminador de la película, es cuando hablan los coreógrafos del trabajo con las canciones; los músicos y los directores de sus videos, como el mismo Martin Scorsese, que dirigió el video de Bad, en realidad un corto de veinte minutos de duración. Cuando se nos enseña, con atención y cariño, la cocina de la leyenda, los estudios, los músicos que grabaron las canciones, los autores de las mismas. El genio sin traspiración es poca cosa, y se nota que Jackson sudo mucho para hacer Bad
Pero no nos engañemos, la película de Lee es una celebración, casi una santificación de Jackson como profesional. Su valor crítico es nulo. Inexistente su paseo por el escándalo. No busquemos nada del lado oscuro de la vida de Jackson: Lee apuesta por la luz, que ilumina el trabajo de Jackson. Pero que deja en la sombra cualquier asomo de crítica, de sospecha, de cotilleo. Bad 25 es un homenaje, un acto de cariño, y una inversión para que la máquina Jackson sigua produciendo. Bienvenido sea Bad 25, que seguramente no tendrá más vida que la de el consiguiente cofre de lujo de la nueva edición de Bad, dicen que con material desconocido. De ese material, no hay ni asomo en la película de Spike Lee. Tendremos que esperar al disco.

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