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Auguste Rodin: el escultor que desbancó la idea de estatua clásica

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El genio francés encajó a lo largo de su vida desafíos, acusaciones y controversias para hacer prevalecer su libertad creadora. El tiempo le dio la razón. Solo el Museo Rodin en París cuenta en la actualidad con alrededor de 5.000 yesos suyos1251Rodin photo 1880

Auguste Rodin (París, 1840-Meudon, 1917) es, para muchos, el primer escultor moderno. De lo que no hay duda es que el artista francés cambió la manera de entender la escultura, revelándose contra los cánones académicos y desbancando la idea de estatua clásica. Auguste Rodin acabó con la visión frontal de las esulturas y volcó en ellas toda la humanidad que pudo, recreando gestos y emociones tan reales que desencadenaron una oleada de prejuicios y críticas contra su trabajo y los métodos de producción que él y sus alumnos utilizaban para alcanzar tal impactante realismo.

Auguste Rodin dejó los estudios a los 14 años para acudir a cursos de dibujo y matemáticas. Aprendió a modelar con tal destreza que pronto comenzó a trabajar para empresarios de decoración, pero, a pesar de su talento y su esfuerzo, Auguste Rodin no logró entrar en la Escuela de Bellas Artes ni al tercer intento.

Trabajó en un estudio haciendo elementos de decoración hasta que viajó a Italia y descubrió a los clásicos. La vida de Auguste Rodin cambió justo en ese momento. Su fama creció a partir de 1880 con los escándalos que empezaron a suscitar sus obras, pero no comenzó a ganar dinero con ellas hasta diez años más tarde. En cuanto a su vida personal, Auguste Rodin contrajo matrimonio con Rose Beuret, con la que compartió su vida y tuvo un hijo, pero mantuvo apasionadas relaciones con Camille Claudel, a la que inmortalizó en algunas obras, y con la duquesa Choiseul.

Desde mediados del siglo XIX hasta 1917, año de su fallecimiento, transcurren en el taller de Meudon de Auguste Rodin capítulos de pasiones amorosas, escándalos y atrevimientos plásticos. Pero es, también, en este local, abarrotado de arcillas, mármoles y papeles, donde se da el gran paso hacia una modernidad que terminará en el XX con la concepción más clásica de las estatuas.

La trayectoria artística de Auguste Rodin se inicia cuando es rechazado en el Salón de 1865 al considerar el jurado que la escultura presentada, Hombre de la nariz rota, de un logrado verismo, se ha hecho partiendo de un vaciado del propio modelo. Auguste Rodin experimentó otra situación crítica con el encargo de una escultura de Balzac. Todos esperaban una reproducción del escritor, pero Rodin interpreto su espíritu. El bronce que presentó representa a un Balzac embutido en un largo abrigo, como era habitual en él, y las manos no se ven. La prensa calificó la pieza de Auguste Rodin de «saco de carbón» y el escultor acabó retirándola y devolviendo el dinero que había cobrado por ella.

Después de un viaje a Italia, la influencia de Miguel Ángel se fija en el voluntario inacabado de las tallas; del non finito de cada base brotan con un delicado y pulido perfil las imágenes de El hijo pródigo o El pensador . Las figuras se liberan de lo imperfecto hasta lograr la cumbre de la belleza; salen, tal y como explicaba Auguste Rodin, «desde el interior hacia fuera, como en la vida misma».

Con la versatilidad de expresión de Auguste Rodin se relacionan muchas de las polémicas que se suscitaron en su época. El descontento, que entre algunos de sus coetáneos causaba su trabajo, se debía fundamentalmente a los géneros tratados, desnudos en gran parte, y a la manera de interpretarlos: hacía que los personajes se arqueasen hasta lograr difíciles escorzos. Pero, muy posiblemente, sea el tema de la reproducción de sus piezas el punto de discordia que ha generado el debate más intenso sobre Auguste Rodin y que se mantiene todavía  En el proceso de trabajo y, acaso también, en los intereses pecuniarios se encuentra la explicación a esta cuestión.

Auguste Rodin lamentaba que sus esculturas resultaran tan chocantes entre la sociedad de su época, pero no por ello claudicó de su estilo. El proceso de trabajo que seguía Auguste Rodin era intenso. Fue de los últimos escultores que dispuso de un gran taller al estilo de los artistas de la Edad Media y del Renacimiento. Llegó a emplear a 50 operarios, de los que gran parte eran especialistas en determinados trabajos como moldear, tallar el mármol o hacer piezas concretas como manos o brazos. Auguste Rodin realizaba el original en arcilla, siempre en formato pequeño; sus numerosos ayudantes lo transformaban en mármol y en bronce, y a tamaño grande. El mármol era esculpido bajo la supervisión del maestro; el control de la fundición en bronce parece en cambio dudoso, pues se hacía lejos del estudio. Los duplicados de muchas piezas fueron ejecutados con el consentimiento de Auguste Rodin, otros se fabricaron después de su muerte bajo el mandato del primer director del Museo que lleva su nombre en París.

La multiplicación de vaciados a partir de la escayola original hizo que relojes de mesa y otros objetos de uso decorativo apareciesen ornamentados por las imágenes creadas en yeso de Auguste Rodin. Esta situación fue catalogada por Rosalind E. Krauss, historiadora y buena conocedora de su obra, como «corrupción de la estética del trabajo manual por los procesos de reproducción mecánica».

Mitificado por personas cercanas, como su secretario Rainer María Rilke, y desmitificado por la historia en las últimas biografías que han salido de Camille Claudel, su colaboradora y amante durante quince años, no es necesario subrayar la importancia que la obra de Auguste Rodin tiene para los historiadores del arte. Auguste Rodin, autor de la popular escultura El Pensador, encajó a lo largo de su vida desafíos, acusaciones y controversias para hacer prevalecer su libertad creadora. El tiempo, finalmente, le dió la razón.

Algunas de las esculturas más emblemáticas de Auguste Rodin, como El Pensador, El Beso o Eva, son figuras que realizó para la monumental Puerta del Infierno, exponente de la creatividad del gran escultor, para la que se inspiró en La Divina Comedia de Dante, obra que fue una fuente de formas a lo largo de su trayectoria. Algunas de estas pequeñas piezas adquieren autonomía propia, se agrandan y terminan por vivir independientes. La obra, mientras, sigue creciendo hasta hacerse, por costosa, irrealizable su fundición.

En 1900 se expuso la Puerta del Infierno en yeso, sin las figuras; a la muerte de Auguste Rodin se hizo un vaciado de la puerta con las imágenes protagonistas. Habría que esperar a los años veinte para que se pudiera ver en bronce, tal y como la había ideado el artista.